EL GRAN PERDON DE SAN VICENTE FERRER.

 La catedral: misteriosa y medieval

 
por Stéphane Luherne

La Catedral de San Pedro fue, en la ocasión, medieval durante tres inolvidables días consagrados a la venida de San Vicente Ferrer a Vannes.

El 11 de mayo último, la iluminación de la catedral por 2.500 velas, al uso medieval, daba un carácter misterioso y suntuoso al edificio. Un momento de gracia iluminaba los corazones de los miles de personas presentes para venerar al célebre dominicano. Un concierto de músicas medievales puntuaba esta bella velada durante la cual se podía descubrir igualmente los tapices del siglo XVII relatando algunos milagros del santo. Estos tapices, de un valor inestimable, han regresado a Vannes para poner en valor la nueva capilla San Vicente Ferrer tal como era en su origen. Terminada su restauración, los feligreses y también las gentes de paso, con entusiasmo y asombro, han podido descubrir este maravilloso lugar.

Los tapices han sido inaugurados por el alcalde de Vannes y algunos miembros del consistorio municipal. También con gran alegría hemos encontrado de nuevo entre nosotros a Geneviève y Rafael Pinazo. ¡España acudió a la cita durante estos tres días!

La vigilia de oración, en la catedral iluminada, fue uno de los momentos de mayor fuerza de este gran perdon.

El sábado 12 de mayo, Monseñor Centène bendijo los tapices en medio de una nube de velas que daban una dimensión celestial a la ceremonia. San Vicente estaba entre nosotros, su presencia transcendía los siglos. Fue éste un auténtico momento de gracia...

Para clausurar el "pardon", tuvo lugar una procesión el domingo 13 de mayo de la Plaza Valencia en Vannes, hacia la Catedral. Después una misa, (acompañamiento de órgano en estos tres días), celebrada por Monseñor Centène con la presencia de dominicanos de Rennes. ¡San Vicente Ferrer nunca está lejos!.

Para la ocasión, la casa, en la que el predicador entregó su alma a Dios en abril de 1419, fué abierta para el recogimiento y la oración con este gran santo que ha sabido, todavía hoy, 600 años después de su muerte, reunir a los pueblos.

Al término de estas bellas veladas y jornadas, hemos podido conocer más al Maestro Vicente a través del canto, la meditación, el arte; esta belleza de la que tanta necesidad tenemos en nuestros días.